Tal día como hoy hace 17 años, hicimos un concierto en la cumbre del Aconcagua, la montaña  más alta del hemisferio Sur. No teníamos experiencia en altura, ni eramos grandes escaladores (no lo somos aún…). Pero nos movía la pasión y la ilusión de alcanzar nuestro sueño. Aquella fue la primera gran expedición de muchas más. El primero de los pasos en un largo y apasionante camino de aprendizaje continuo y descubrimiento personal que nos brindan las montañas. Porque todos sabemos la utilidad de lo útil, aunque a veces nos cuesta encontrar la utilidad de lo inútil.

Lo primero que aprendemos en una gran montaña es a ser humildes, a tomar perspectiva, a ampliar nuestra mirada y contemplar otros puntos de vista.

Lo segundo es que lo que nos hace subir a lo más alto es nuestra pasión, la energía y el empuje que salen de lo más profundo de nuestro corazón. Después lo enfocaremos y potenciaremos con la razón y la lógica. Pero los motivos para seguir subiendo y no bajarnos, saldrán de nuestro corazón.

La metodología de nuestros programas de outdoor training incorpora este elemento desde el principio. Aprender, practicar, estudiar, planificar, estimular la mente, compartir las experiencias, observar, visualizar, actualizar y estar en forma (física y mental) es parte del entrenamiento y la formación de los que perseguimos grandes cimas. Y creemos que puede ser de gran utilidad para aquellos equipos y profesionales que tienen su mirada en lo más alto y quieren ascender sus propias montañas.

El mundo de la montaña comparte muchos aspectos con el mundo de la empresa: gestion de tiempo, recursos, objetivos, personas, planes, competencia, liderazgo, equipo, inversión, gestión de la adversidad y por supuesto resultados. Cuando estamos de expedición, miramos y analizamos algunos indicadores: altitud, hora, viento, distancia, la temperatura, oxigenación en sangre, etc. que nos orientan sobre los progresos, condiciones y posibilidades para llegar a la cima. Pero toda esa información no es la que nos mueve a salir en mitad de la noche a -40ºC a alcanzar nuestro sueño.

Para que todo esto tenga sentido y esté alineado con la meta, tenemos que haber entrenado una serie de competencias imprescindibles a partir de una determinada altitud donde la montaña deja de ser un reto deportivo y se convierte en un desafío mental.

Algunas de las características de los equipos de alto rendimiento (y de las personas que los forman), que hemos observado después de muchos años trabajando con todo tipo de equipos son:

  • Aprender a estar con uno mismo. Cuando estamos muy alto o con malas condiciones meteorológicas, los avances se producen tras muchas horas de soledad. En estas circunstancias es decisivo el diálogo interior que cada uno mantenemos con nosotros mismos y que va a condicionar nuestras decisiones y nuestra motivación. Saber mantener el estado de ánimo que nos permita dar el siguiente paso es una habilidad fundamental. Así como conocer los estados de ánimo que nos paralizan y aprender a aceptarlos y cambiarlos.
  • Saber rodearse de gente optimista. En circunstancias críticas, donde cada detalle cuenta, y las condiciones se vuelven difíciles, de riesgo o demasiado inciertas, es conveniente contar con un buen equipo. Y con ello no me refiero a personas con recursos técnicos: si hemos llegado hasta aquí arriba, todos los tenemos, estos recursos. Me refiero sobre todo a personas con una mirada optimista, que no pierda de vista el objetivo final, y  que encuentren motivos para seguir subiendo y no para bajarse en medio de la tormenta.
  • Abrirse a aprender de los demás. Una de las principales características de los equipos de alto rendimiento es que sus miembros mantienen una actitud curiosa y de continuo aprendizaje de los compañeros y del medio. Compartir expectativas, declarar dudas, manifestar desacuerdos. Aprender, entrenar nuevas habilidades, aprovechar la experiencia de otros, dejarte ayudar cuando encuentras un bloqueo son rasgos comunes de los equipos que comparten grandes metas y objetivos.
  • La perseverancia. Aunque no te asegura la cima, te permite continuar escalando y dando pasos hacia lo más alto. Cuando estamos escalando una gran montaña, la referencia es cada uno. Compararse con éxitos o fracasos de otros no suele ser buen compañero de cordada. Es mucho mejor tomar las propias decisiones y seguirlas hasta agotar las posibilidades.
  • Gestiona tu lado oscuro. El lado oscuro es la versión de mí mismo que piensa más en los motivos para abandonar que en las razones para seguir subiendo. Nos sentimos vulnerables, y en vez de trabajarlo y hablarlo, tratamos de esconderlo. Pero llegamos a la cima por lo que hacemos, no por lo que sabemos o pensamos. Hablar y compartir nuestros miedos y nuestro lado más vulnerable, generará compromiso y confianza en el equipo.

En un ambiente de cambio constante y rápido como es el actual, será crucial nuestra capacidad de aprender en equipo  y adaptarnos pronto a los cambios bruscos.

Buen viento!!